domingo, 25 de noviembre de 2012


La belleza y el lirismo de Nocturn

Echando una ojeada a los créditos, resulta lícito y lógico pensar en una oferta ecléctica. Tanto como para reunir rúbricas tan dispares como Schubert, Sarasate, John Williams o Piazzolla, por ejemplo, en un mismo repertorio; pero al final resulta mucho más variado que ecléctico. Y es que si las autorías marcan épocas, sonoridades y concepciones compositivas distintas, la textura, la forma de afrontar y entender las partituras parece ir al encuentro de una homogeneidad fundamentada en el lirismo y romanticismo.
Es posible también que el violinista albanés Smerald Spahiu y el pianista mallorquín Miquel Estelrich, apostaran por una orientación más universal en la selección y enfoque. Con ello quiero decir que puede existir una decisión de que tanto partituras como interpretación quieran alcanzar no sólo al público más erudito en lo clásico –que también- sino al menos avezado.
Nocturn nos presenta una música tremendamente placentera, amable, bella y con un valor añadido de placidez que esquiva cualquier tensión musical e interpretativa sumergiendo al oyente en la serenidad apropiada para dejarse llevar sin dificultad alguna.
El álbum se cierra recuperando “T'estim i t’estimaré”  una sensacional y veterana autoría –de 1967 si no recuerdo mal- del manacorí Antoni Parera Fons en versión para violín y piano. Broche exquisito y reconocimiento además para uno de nuestros más grandes compositores.



miércoles, 21 de noviembre de 2012


Gemini o la mediterraneidad del jazz

 Hace aproximadamente unos tres años, Jordi Gaspar creaba con el nombre de Juan Palomo su propio sello discográfico -¿Recuerdan aquello de “yo me lo guiso y yo me lo como”?- para poder editar su álbum debut Akixi. Una propuesta absolutamente personal en la que su bajo acústico recorría en la introspectiva intimidad sus propias composiciones. Ahora ha sido el leridano Quadrant Records el sello que ha editado su segunda incursión en el mercado discográfico y de carácter mucho más jazzista. Una nueva apuesta que cuenta con el guitarrista Jordi Bonell y el percusionista Roger Blavia como fieles compañeros de viaje, además de las colaboraciones puntuales de la voz de Ferran Savall y la trompeta de Raynald Colom.
         Tres músicos tremendamente consolidados en el panorama musical nacional y, sin duda, figuras relevantes en la escena del jazz catalana, poco partidarios o propensos a una discografía personal y, me atrevería a decir, coincidentes en el eclecticismo que baña su carrera profesional.
         Gemini, a excepción de la versión de “Secreto” de Mompou, nos presenta un repertorio de autorías compartidas que transita por armonías abiertas, melodías relajadas y amables, entre las que asoma la belleza sonora bien perfilada y sin aristas. Un viaje musical tremendamente acústico y placentero, repleto de aromas mediterráneos que juegan y flirtean con el jazz dejando al descubierto la pureza de cada uno de los instrumentos.


martes, 20 de noviembre de 2012


Al Jarreau con la Metropole Orkest

         En 1975 Al Jarreau firmaba su primer trabajo discográfico para el sello Reprise We Got By. Desde entonces, toda una serie de grabaciones elevaron al cantante de Wisconsin con claras influencias de Nat King Cole a la popularidad, siendo el primer cantante en obtener cinco premios Grammy, tres de de ellos  en diferentes estilos musicales: Jazz, Pop y Rythm & Blues. Lo cual puede dar una clara visión de su versatilidad. Una carrera llena de éxitos aunque no exenta de ciertos reproches por una apuesta musical, en ocasiones, algo comercial; pero en cualquier caso siempre presentando una calidad extrema en sus producciones.
Por su parte, fundada en 1945 en Holanda, la Metropole Orkest, combinación entre una Big Band de Jazz y una orquesta clásica, constituye una extraordinaria plataforma para poner en directo el trabajo de determinados músicos de jazz y pop, entre los que encontramos al trombonista Bob Brookmeyer, al compositor brasileño Ivan Lins, al bandeonista argentino Dino Saluzzi o al guitarrista John Scofield, sobre todo desde que Vince Mendoza se hizo cargo de los arreglos y dirección en 2005.
La simbiosis más reciente entre músicos y cantantes y la mencionada orquesta acaba de materializarse en un nuevo álbum editado por Universa, que recoge el directo junto a Jarreau los días 8 y 9 de abril del pasado año en el Theater Aan Parade de Holanda. Una exquisitez que viaja por grandes composiciones del jazz, salpicadas con la bossa nova que tanto le gusta al cantante.



lunes, 19 de noviembre de 2012


The Mamzelles, frescura y juventud

          Fueron las ganadoras del Sona 9 del pasado año y, hoy por hoy, constituye una de las últimas propuesta músico-teatrales que más han dado que hablar. Y es que realmente sus actuaciones no dejan indiferente a nadie. Paula Manila, Bàrbara Mestanza y Paula Ribó son las responsables de The Mamzelles, o lo que es lo mismo, una bocanada de aire fresco y savia joven que las ha situado como grupo revelación del pop femenino catalán, aunque sus canciones sean interpretadas también en castellano, inglés o francés.
         Aunque sea lógico y normal, sobre todo después de haber tenido la oportunidad de presenciar su directo, el álbum “Que se desnude otra” no recoge todo el nervio y soltura del espectáculo pero sí adquiere suficiente fuerza para destacar como trabajo independiente. Es más, diría que es en éste donde se acentúa toda la contundencia y finura sonora que son capaces de desarrollar estas tres jóvenes que se mueven aunando registros e incorporando a un pop cristalino y transparente, referentes del swing y cadencias del jazz –encontrar referencias a los 40 o 50 de grupos como las Andrews Sisters no será nada extraño- con total sencillez y habilidad.
Canciones que funcionan con independencia pero capaces de formar un conjunto. Imagino que algo habrá tenido que ver en ello la producción de Miqui Puig quien ha ayudado a dar forma a todo un compendio ecléctico y cromático.



Max Sunyer, íntimo y personal

         La historia se remonta a 1984. Habían pasado tan sólo dos años desde que Miquel Ángel Sancho y Joan Bibiloni hubieran puesto en marcha la aventura discográfica de Blau. Un tímido inicio, precisamente con el disco Joana Lluna del guitarrista manacorí, pero que ha acabado convirtiéndose en un referente ineludible en cuanto a la música balear de los últimos treinta años.
         Y fue precisamente en esos compases iniciales cuando a raíz de una actuación de Max Sunyer en el Lila’s Jazz Club cuajó la propuesta de grabar un álbum para el sello mallorquín. La idea seducía al guitarrista catalán ya que le permitía una mirada introspectiva para poner en orden y dar a conocer toda una serie de autorías que había ido acumulando en los últimos tiempos.
         Con la complicidad del contrabajista Zé Eduardo, el batería Jordi Rossy y el percusionista Quino Béjar, se fue dando forma a Ficcions, vinilo original al que se le unirían tres temas adicionales para su edición digital casi diez años después.
         Ahora la productora acaba de reeditar de nuevo en disco compacto este ejemplar que podríamos considerar como ‘fondo de catálogo’, testimonio activo de una época tremendamente productiva; pero lo que no deja de sorprender es la actualidad de unas composiciones que viajan por la amabilidad sonora jazzística, melódicamente muy mediterráneas, y en las que contenido musical y envoltorio se confabulan. Si bueno es el recuerdo, aún más comprobar su vigencia.



miércoles, 14 de noviembre de 2012


Joan Isaac con calma y profundidad

         Tal vez sea este uno de los recorridos musicales más líricos del cantautor de Espulgues de Llobregat. Como mínimo con el que se ha tomado la mayor serenidad y apurada selección de un vasto repertorio para llevar al extremo la profundidad poética y literaria de unos textos que visitan cronologías dispares y sensibilidades siempre a flor de piel.
Veinte pedazos de memoria que Joan Isaac afronta persistente con su voz propia e inconfundible dentro de una cantautoría de la cançó  que, en la mayoría de los casos y salvo honrosas excepciones, o no suena, o resulta demasiado lejana. Veinte canciones propias, escritas y musicadas por el catalán, que cuentan con el único respaldo del piano; o mejor debería escribir, ni más ni manos que por el piano al servicio de diez espléndidos pianistas - que, cada uno con su particular visión, acarician esas canciones.
“Piano, piano…” nos define explícita y también metafóricamente, con su ritmo, con esas atmósferas intimistas, con las cadencias propias de Isaac, la tranquilidad con la que degustar ese repertorio escogido con criterio y honestidad. Una compilación que, con la calma necesaria para que tome cuerpo sedimento, se nos irá revelando al ritmo en el que se suceden Lluis Vidal, Xavier Ibáñez, Jordi Badía, Jordi Vilaprinyó, Manel Camp, Conrad Setó, Francesc Burrull, Eros Cristiani, Enric Colomer y Antoni-Olaf Sabater al piano. 


martes, 13 de noviembre de 2012


Puntito de jazz latino

         No sólo la experiencia vivida en las primeras jornadas del Festival en el Xesc sino también la frecuencia con la que se ha podido escuchar a Juan Antonio Gil en el club, podía presagiar una reducida asistencia al concierto. Por tanto imagino que no hubo sorpresas a la hora de contabilizar una presencia anecdótica más allá de las invitaciones personales.



Una propuesta que, por otro lado, se encuentra con el género de cabecera de forma tangencial. Y es que la música del cubano pertenece más al mundo de la cantautoría y la música popular como el cha-cha-chá, danzón o guaguancó que a los registros más improvisados del jazz. Aunque si ya nos hemos habituado a nombres como el de Pedro Guerra, Dylan o Juan Perro –pónganle ustedes por medio todas las distancias que deseen- en este tipo de festivales, tampoco habría que rasgarse las vestiduras. Y menos si atendemos a los momentos más latinos y más próximos al jazz.
         Más allá de buenas intenciones, corrección, textos de profundidad intermitente o instrumentación mínimamente agraciada, resulta difícil destacar nada. Gil no es ni un gran guitarrista, ni un gran cantante, pues la potencia y fuerza vocal sustituye a la modulación y al convencimiento.



         Tampoco dice mucho a su favor el hecho de que la velada adquiriera fuerza a partir del “The Chicken” y sobre todo con la entrada en escena del bajista Alain Pérez quien, a partir de ese momento, adquirió el peso específico musical y escénico.
En resumen, ni bien ni mal, sino todo lo contrario en un velada de tránsito con puntito de jazz latino.



JUAN ANTONIO GIL. IX Jazz Voyeur Festival. Teatre Xesc Forteza, 9 de noviembre.

Fotos: José Luis Luna 

lunes, 12 de noviembre de 2012


Cuando todo es grano

         En 2005 el saxofonista Bill Evans encontró el nuevo rumbo de su carrera musical. Nos lo mostraba con Soulgrass, referencia discográfica con la que ha acabado bautizando su banda y que define con cierta justicia su propuesta musical. Y apunto ‘cierta’ por el hecho de que en realidad esa exploración sonora ha ido in crescendo hasta llegar a la conjunción o mejor dicho simbiosis –por aquello de extraer lo mejor de cada componente- entre buena parte de la herencia musical norteamericana.



Barajar soul, jazz, country, bluegrass con rock & roll y salir absolutamente airoso de la empresa es algo que se le da a la perfección. Lo hace de forma intensa y extensa, siempre con gran vigor y eficacia, sin contemplaciones ni reservas, vaciando toda la carga, de ahí que puede resultar, en ciertos momentos, algo abrumador, aunque siempre encontrará el momento justo para aliviar tensiones.



Aprendió de Davis y McLaughlin la importancia de rodearse de grandes músicos y dejarles espacios y así lo hace. Y cuando la banda es tan extraordinaria como la que nos presentó en el Xesc Forteza –por ciento con su mejor asistencia aunque sin agotar el papel-  uno no encuentra paja para separar, porque todo es grano.
         Disfrutamos hasta la médula de su último Dragonfly. Temas bien estructurados, carnosos, densos, repletos de improvisación y energía. Todo exquisito y sencillamente soberbio Josh Dion tanto con las baquetas como cantante.    



BILL EVANS SOULGRASS BAND. Bill Evans (sax., tec., voz) Ryan Cavanaugh (banjo), Mitch Stein (guit), Frank Gravis (bajo), Josh Dion (bat, voz). Jazz Voyeur Festival, Teatre Xesc Forteza 10 noviembre

Fotos: José Luis Luna

domingo, 11 de noviembre de 2012


Curiosidades y anécdotas del Jazz

          Cuando el escritor, periodista y gran divulgador de la historia de la música Lawrence Lindt decidió hacer un guiño al jazz con la obra “Historias curiosas del Jazz” (Ma Non Troppo Música), no sólo contaba con los numerosos trabajos que había publicado en la prensa de los Estados Unidos, sino que ya había firmado los libros “Historias curiosas de la música” e “Historias insólitas de la música”, por lo que el ritmo y la orientación adecuada, esa forma distendida de tratar los concepto acercándolos al lector y despojarlos de ese énfasis de erudición que en la mayoría de los casos actúa como repelente para el neófito, no le resultaba ninguna novedad.
         No es de extrañar pues, que esta obra que, a buen seguro reconfortará a los aficionados dándoles la oportunidad de certificar algunos mitos y leyendas hasta ahora supuestos al mismo ritmo que irá descubriendo nuevas anécdotas que humanizan la historia del jazz y sus personajes, encandile también a aquellos que a través de este libro de lectura ágil, totalmente comprensible y amena, se aproximen por primera vez al género improvisado por excelencia y a sus gentes.
         Evidentemente no se trata de un libro de historia del jazz, ni de una improvisación de anécdotas dispuestas correlativamente, es más bien la materialización del énfasis que el autor pone para que se despierte el interés hacia esta música. Y si el interés ya existe de antemano, una forma lúdica y rigurosa de pasarlo bien.  



Sin convencionalismos

         No corrió la misma suerte la sesión nocturna que la de tarde. Bueno, tampoco era exactamente igual ni el destinatario el mismo. A media tarde se trataba de acercar el proyecto pedagógico de José Luis Gutiérrez “Un siglo de músicas del mundo” al público familiar y prácticamente llenó el Xesc Forteza. En cambio por la noche se presentaba con el Iberjazz Quartet y el panorama resultó bien distinto con poco más de una veintena de espectadores para una propuesta realmente interesante y singular.



         Gutiérrez, del que teníamos un grato recuerdo de su anterior visita allá por 1999, se acompañó de Pedro Medina a la guitarra, Marco Niemietz al contrabajo y Lar Legido a la batería para brindarnos una excepcional velada que nace en la vertiente más popular de la música ibérica y se proyecta hacia el jazz. La particularidad de la creación y la extinción sonora mediante la improvisación que baraja con las texturas musicales. Personales desarrollos de unos temas propios sin convencionalismos con los que sabe transmitir ese estado perceptivo de la música como un natural fluir sonoro absolutamente coherente en su transformación. Da igual que parta desde el bolero o el pasodoble, el jazz acabará por unificarlo.



         Podría pensarse que Gutiérrez es valiente por como expone lo que piensa, pero realmente lo que lo hace cautivador es que está convencido de lo que cuenta y como lo cuenta, de ahí ese poder de persuasión.



IBERJAZZ QUARTET. José Luís Gutiérrez (saxos, percusiones), Pedro Medina (guitarra), Marco Niemietz (contrabajo), Lar Legido (batería, percusiones) IX Jazz Voyeur Festival. Teatre Xesc Forteza, 21 de octubre.

Fotos: José Luís luna


Destacable reentré

Sin duda Kenny Werner echó en falta un piano en mejores condiciones, pero aún así el estado del Kawai y su cuestionable sonorización no le impidió manifestar esa excepcional concepción musical que lo posiciona como uno de los más destacados exponentes del jazz de la actualidad. Y es que algunas notas de afinación imprecisa y ecualización disonante no lograron mermar la calidad musical vivida en el reinicio de la novena edición del Jazz Voyeur Festival.



Un reinicio excesivamente discreto a tenor de la participación de un público escaso que hasta en el Xesc Forteza resultaba ínfimo; pero realmente destacable en cuanto a lo acontecido sobre el escenario.



Werner se presentaba con su última referencia musical grabada hace ya dos años en el Blue Note de Nueva York bajo el brazo y fue precisamente esta la que llenó la mayor parte de una velada iniciada con contención y que iría adquiriendo intensidad, soltura y decisión con su avance. Temas de largo minutaje con amplios desarrollos. Espacios abiertos a la improvisación que sin establecer un juego de diálogo ágil abogaría por el discurso personal de cada miembro del quinteto. Werner, el saxofonista Benjamin Koppel y el trompetista Randy Brecker, se repartirían en esencia el espacio sonoro sobre una rítmica impecable y exquisita compuesta por un preciso Scott Colley al contrabajo y un, demás, imaginativo y creativo Antonio Sánchez en la batería.
Sin abandonar el bop, ni un cierto y asequible lirismo melódico, la exploración sonora marcó el ritmo de una velada de gran calidad musical.



KENNY WERNER QUINTET. Jazz Voyeur Festival. Teatre Xesc Forteza, 20 de octubre.
Fotos: José Luis Luna

domingo, 22 de julio de 2012


Berni-Quadrada en busca de la esencia



Remontarse hasta la Salseta del Poble Sec o la Orquestra Plateria, podría parecer un ejercicio para rememorar tiempos lejanos y de alguna manera aludir a los registro más añejos, y comerciales también si se quiere, del trompetista Ramon Quadrada; aunque su dilatada carrera jazzística, tanto en diversas formaciones como al frente de la Big Band colocan a este gran músico en el panorama actual del buen y mejor jazz del país. No es de extrañar, entonces, que de tanto en cuando y tomándose el tiempo justo y necesario, nos sorprenda con alguna que otra producción realmente interesante como fueron Paradissos Imparells con la big band o Geometries Variables con el Renaissance Jazz 5et.
         Ahora, junto con quien fuera su alumno y compañero del mencionado quinteto, el pianista Jordi Berni –Pianista revelación Tete Montoliu en 2003-, acaban de publicar un interesantísimo álbum a dúo que fue grabado en noviembre del pasado año.
In Essence apuesta por un diálogo intimista mostrando la desnudez instrumental, que no musical, para afrontar un lírico, rico y suculento recorrido sonoro repartido entre  clásicos estándares del jazz como “My Romance”, “Love For Sale”, “Embarceable Of You” o “Autumn Leaves”, composiciones originales de Quadrada o el tradicional “El Russinyol”. Una combinación guiada por la coherencia y esencia musical de las composiciones expuestas con auténtica maestría.



lunes, 16 de julio de 2012


Avanzando

         Lo que más agradece cualquier aficionado que se precie es que un proyecto musical vaya creciendo, perfilándose, avanzando y obteniendo poco a poco resultados más satisfactorios. Siempre que haya madera para quemar, claro está, esto depende de las posibilidades y frecuencia con la que la propuesta puede llevarse al directo. Una máxima que no sólo comprende perfectamente el violinista Enric Pastor, sino que lleva a cabo manteniendo esta formación inalterable a fin de cohesionar tanto la banda como el repertorio.


En cuanto a la madera, creo que no hay duda de las posibilidades alcanzables por parte de un batería de demostrada experiencia como Salvador Font, un bajista como Wojtek Sobolewski y del pianista Tolo Gili, amén de Pastor, que procedente del terreno clásico acredita la técnica y disciplina y tan sólo requiere alejarse algo más de la rigidez del pentagrama.
En cuanto al repertorio, juega a su favor apostar en su mayoría por piezas conocidas –la afinidad siempre suma- además del atractivo de unas autorías –Evans, Monk, Powell o Lockwood- que requieren exigibilidad y finura.



Y para evolución, el ejemplo. En este último concierto que inauguraba una VIIª edición del Festival de Jazz de Inca –cita que si bien se ha centrado en la permanencia no debería olvidar asumir mayor envergadura en el programa-, se mostraron mucho más compactos, notoriamente más sueltos y algo más creativos aunque no deben descuidar el hecho de seguir limando asperezas de una propuesta que bien vale la pena tener en el punto de mira y atención.

Wojtek Sobolewski

Salvador Font

Tolo Gili

ENRIC PARSTOR & Co. VII Festival de Jazz de Inca, Claustre de Sant Domingo, 8 de julio

domingo, 15 de julio de 2012


Pere Rei apostando por el jazz-samba

         No son muy frecuentes las producciones discográficas jazzísticas en nuestra isla. Y es que si difícil resulta para un músico en general editar su propio trabajo y meterlo en los circuitos, aún más complicado, lo es para quien apuesta por el jazz. Un hecho que no ha intimidado al músico y guitarrista de Santa María, Pere Rei, a la hora de dedicarse en cuerpo y alma a esta producción.
         Aunque éste sea su tercer trabajo discográfico, después de pasearse por el pop-rock, es el primero en el cual apuesta decididamente por el jazz, o mejor dicho, por toda una serie de atmósferas sonoras que visitan al género desde la perspectiva de la samba y bossa nova.
Ritmos cálidos y agradables que favorecen la escucha a los menos avezados -no negaremos tampoco ese cierto aire un tanto más comercial- aunque no por ello descuide esa fraseo improvisativo, correcto e imaginativo, limpio y claro en la ejecución, sobre armonías más complicadas que protagonizan las siete autorías que junto con “Samba de una nota” de Tom Jobim conforman “Llunes”.
Al guitarrista, que reconoce las influencias de George Benson, Wes Montgomery o Joe Pass y su admiración por el valenciano Ximo Tébar, le acompañan Pere Antoni Bujosa al contrabajo, Jordi Quiles a la batería y Toni Amengual a las percusiones.




Incombustible

         Sencillamente incombustible. Arda lo que arda, que es mucho, en cada una de sus actuaciones, Loquillo es incombustible. Tal vez por ese traje ignifugo hecho con el porte más ‘dandi’, un tanto canalla y desafiante, de estética altiva pero, a la postre, próxima y directa en el que se enfunda, o será por esa naturalidad políticamente incorrecta que reclama y de la que presume; pero en cualquier caso siempre inalterable al paso del tiempo.


         Recurre a la fuerza del rock and Roll, pero también a su visceralidad, a ese sentimiento más intrínseco y a esa lógica aplastante de visionario aventajado. A esa forma de ver la vida –‘En la vida, la disidencia es el lugar’-, o mejor dicho, de agarrarla con la intención de llevarse sus pedazos correspondientes para cantarlos.


Y vaya si los cantó. Todos en el concierto, en el tiempo de juego, sin bises, nada de tiempo extra. La verdad es que pocas cosas se podían poner sobre el escenario tras “Rock & Roll Star” o “Cadillac”, con los que remacharía una velada repleta de recuerdos vivos y perfectamente flanqueado desde la guitarras por Igor Pascual, Jossu García y, otro de los incombustibles e imprescindibles, Jaime Stinus, que lucirían al frente de una banda realmente poderosa.


No hubo tregua para palabras que no fueran cantadas. Solo lo justo, pocas y cortas presentaciones y una ligera disculpa por ese corte en el fluido eléctrico que le obligó a repetir, quince minutos más tarde, “Sol”; pero nada sobre el retraso inicial que pacientemente soportaron el millar de asistentes. Y es que prácticamente todo lo dicen sus canciones.



LOQUILLO. Jardines Plau d’Aiamans. Lloseta, 13 de julio

domingo, 8 de julio de 2012


Engullida por la emotividad

Será, como ella misma se encarga de reconocer, que los escenarios isleños la ponen más nerviosa que los neoyorquinos o por cualquier otro motivo; pero en todo caso, nunca he visto a Concha Buika cómoda cantándole al público que la ha visto crecer artísticamente. Tampoco ahora, que parece encontrarse en un buen momento profesional paseando su popularidad por los distintos festivales tanto nacionales como internacionales. 


Por tanto, en Sa Graduada de Muro, nos volvimos a encontrar con más de lo mismo. Esa excesiva atención, esa desmesurada dedicación a sus familiares y amigos que llama ‘tribu’ y llenaban parte de las primera filas de asientos, no juega en pro de la normalidad, o de lo que debería ser más lógico.
No es que Concha se olvide de esa otra ‘tribu’ que la va a escuchar -que por cierto a duras penas llegó a los trescientos asistentes-, sino que esa emotividad personal y privada –que aprovecha para airear- acaba engulléndose el concierto.


En lo musical, Buida inició la velada con veinte minutos de retraso y de la misma manera que la terminó hora y media después, acompañada únicamente por el pianista cubano Ivan ‘Melón’ Lewis, muy acertado sobre todo en los registros más latinos. Toni Cuenca al bajo y Ramón Porrina al cajón se apuntarían también a ese recorrido amplio en cuanto a su trayectoria y ecléctico en lo musical interpretado, incluso a veces, con corrección. Aunque acaba siendo más recomendable escucharlo enlatado en los bits del compacto; porque la cantante gana, sin duda, con la producción, contención y neutralidad emocional del estudio.



CONCHA BUIKA. Sa Graduada. Muro, 5 de julio de 2012 


La mezcla cultural de Ana Alcaide

         Sólo muy de vez en cuando, se nos brinda la oportunidad de descubrir una voz, un talento, una forma de expresar los sentimientos, tan pura y delicada. Tengo que reconocer que, antes de ahora, poco sabía y conocía de la cantante y compositora toledana Ana Alcaide, y en cambio tras escuchar repetidas veces este nuevo trabajo –resulta tan hechizante que es imposible no recurrir a él una y otra vez-, parece como si conociera su música desde siempre.
Será por ese magnetismo que nace en la mezcla de culturas, por esa forma de establecer un estrecho vínculo con la tradición desde el presente, por esa capacidad de proyectar un sinfín de cromatismos sonoros y atmósferas musicales al servicio de la sensibilidad extrema, por esa riqueza basada en la esencia de los instrumentos de cuerda como el salterio, violín, arpa, guitarra, laúd, Bouzouki, mandola o lyra que acompañan a la viola de teclas y que invitan al clarinete o el ney turco y a una interminable lista de instrumentos de percusión, a la búsqueda del timbre preciso.
Pero será también por esas canciones nuevas que presenta en su tercer trabajo, La cantiga del fuego, inspiradas en el romancero y cancionero antiguo que viajan por el legado común entre cristianos, judíos y musulmanes. Melodías sefardíes que tanto nos remiten a la antigua capital del Reino de Castilla como nos permiten y ofrecen un paseo por el mediterráneo.




Eladio Reinón a flor de piel.

No hay mejor música para dejar la sensibilidad a flor de piel que el bolero; sin duda el género musical más popular que aúna sin fronteras a todos los países Hispanoamericanos. Y es precisamente en esta clave en la que el saxofonista, clarinetista y compositor revisa toda una serie de baladas clásicas de jazz. Un paseo por el olimpo compositivo que vincula con harmoniosa latinidad.
Conocíamos ya esa formidable vertiente más latina de Eladio Reinón que había cobrado sus cotas más significativas con la Latin Big Band junto a Bebo Valdés en “Afrocuban jazz suite nº 1” o en “Canciones de amor latinas” con el Supercombo, sin olvidar, por supuesto el be bop que ha impregnado una suculenta carrera. Lo que ocurre es que en “A flor de piel”, el espíritu latino navega junto al bolero y la balada mostrándonos sin tapujos ni fisuras esa riqueza emotiva. Un aterciopelado marco idóneo para emocionarse con un sublime “Darn That Dream”, el celebérrimo “Body and Soul”, “Ask me Now” de Monk o “Every Time We Say Goodbye” de Porter, junto con joyas como “Mira que eres linda” o “Tres palabras”.
Un juego que rubrica en esa carta de presentación y auténtica declaración de intenciones con la que se abre el álbum introduciendo toda una serie de melodías conocidas de boleros en la balada “Someone to Watch Over Me” de Gershwin. Como les decía, la sensibilidad se toca, se palma a flor de piel.




Ahmad Jamal el decano del jazz


Dentro del nutrido activo compositivo del tándem formado entre el compositor Richard Rodgers y el letrista Lorenz Hart, “Blue Moon” materializa uno de sus éxitos más populares y representativos de todo el lirismo y elegancia que caracterizó a estos dos hacedores de canciones de Broadway. Una canción que precisamente recoge también todo el lirismo y elegancia que ha marcado la larga trayectoria profesional del octogenario pianista de Pittsburg –el próximo julio cumplirá los ochenta y dos- Ahmad Jamal y que continúa perfectamente en activo.
Un lirismo y elegancia que muchos cuestionaron al no circunscribirse en las estéticas jazzísticas del be bop de mediados del siglo pasado. Dos características afines al pianista y compositor que le han procurado una voz propia como pocas, y además inspiradoras para Miles Davis o John Coltrane. Tanto que hoy, le permiten establecer un puente de lujo, un diálogo perfectamente compensado y equilibrado entre la tradición y modernidad.
Y todo ello, elegancia, lirismo, tradición y modernidad es precisamente lo que transpira esta nueva aportación discográfica de Jamal que baraja standards con composiciones propias así como alguna referencia de Gillespie. Un álbum que lejos de mostrar el ocaso de un gran músico, identifica el tremendo acierto y exquisitez que sigue esgrimiendo incansablemente. Eso sí, sin gratuidad y siempre con la debida contención característica.



Esperanza Spalding capas de neo soul y jazz


    Las estéticas del jazz en el siglo XXI demuestran ser de lo más cosmopolitas. Criterio que la vocalista y bajista norteamericana ganadora del Premio Grammy a la Artista Revelación del pasado año Esperanza Spalding no sólo tiene perfectamente asumido, sino del que hace gala en su proyecto más reciente “Radio Music Society”. 

No se trata de urdir sonoridades complejas, arriesgar con ejercicios de filigrana contemporánea, ni álgebras en el pentagrama. No, todo radica en algo mucho más sencillo y que al final acaba siendo tan resultón como interesante. Tan sencillo, y complicado a la vez, como mezclar toda una serie de patrones procedentes de lo que podríamos determinar como neo soul, con el pop, funk y un jazz contemporáneo sin miedo a las concesiones auditivas. Desembocando todo ello en una propuesta, cuarta como líder tras “Juno”, “Esperanza” y “Chamber Music Society”, agradable, un álbum cálido, musicalmente interesante y para el que no se han escatimado recursos sonoros. Ya sólo el tratamiento musical de los dos únicos temas ajenos “I Can’t Help It” de Steve Wonder y “Endangered Species” de Wayne Shorter nos puede ofrecer una idea generalizada de lo que es capaz de rubricar con la decena restante.
Y si además quieren linajes de abolengo en la interpretación, apunten: Lionel Loueke, Joe Lovano, Jack DeJohnette o Billy Hart, entre una lista interminable de músicos.


jueves, 21 de junio de 2012


Sergio Pamies, hondura, latinidad y negritud


         Si algo caracteriza a la juventud jazzística de nuestro país es su sobrada preparación y experiencia. ¿Recuerdan el eslogan: “jóvenes pero sobradamente preparados”? Pues precisamente eso es lo que podemos encontrar, miremos donde miremos de nuestra piel de toro. Y el caso de Sergio Pamies, puede servir de ejemplo perfecto; pero es que además se le une un gran talento. Y es que este joven músico granadino que aún no ha cumplido los treinta, aúna hondura, latinidad y negritud en proporciones que dimensiona a voluntad con un resultado que excede la coherencia para transitar por la maestría.
         Borrachito segundo capítulo de una idea que inició con “Entre amigos” (2008) y que ya entonces obtuvo el reconocimiento como mejor proyecto del año por la revista especializada Jaç, constituye toda una alegoría de esa imbricación. Un álbum repleto de autenticidad y, como apuntaba, talento que, pese a presentar estos tres puntales musicales con cierta estanqueidad, refleja su gran momento creativo rubricando diez de los doce cortes –Monk y el tándem Strayhorn-Ellington firman los dos restantes- que conforman esta, su primera producción para el sello Bebyne, apostando por el jazz clásico, el contemporáneo, el bolero, la soleá, o la bulería, con gran virtuosismo y con una destacada formación e invitados de lujo como Antonio Serrano, Rubem Dantas, Diego Amador o el trompetista de New Orleans Christian Scott, entre otros.  


El Llorenç Santamaria más personal

                  Hacía mucho tiempo que Llorenç Santamaria no entraba en un estudio para ofrecernos una visión tan personal de lo que es y significa para él el mundo de la música. Y lo acaba de hacer desempolvándose, con respeto, de esos éxitos –léase “Para que no me olvides”, “Si tu fueras mi mujer” o “Bailemos”- que no dejan de pesar como una losa y sin los que muy probablemente no sería lo que es hoy en día, y a su vez recogiendo buena parte de todas aquellas músicas que le han ilusionado a lo largo de su vida.
         Pero dejando de lado a nostálgicos empedernidos -me consta que siguen reclamándole las susodichas canciones en los conciertos- y afrontando el nuevo trabajo sin contemplaciones y, sobre todo, sin perjuicios, nos encontraremos con un buen álbum en el que a pesar de su eclecticismo que pasa por la balada, alguna que otra ligereza o el country –compartiendo micrófono con Tomeu Penya-, prevalece el rock & roll, sin duda su mejor registro.
         Llorenç ha aprovechado ese acelerón en su actividad que le ha supuesto el musical “Cop de Rock”, para no bajar al ralentí y, reinventándose a sí mismo, seguir dando lo mejor. “Pell de gallina”, álbum realmente muy bien instrumentado es la evidencia de que aún hay cantante con poderío para largo, y si además reivindica el catalán para el rock, como podemos apreciar en todos los temas a excepción de “A love So Beautiful” de Roy Orbison y que singulariza la única autoría ajena, tanto mejor.




martes, 29 de mayo de 2012


Formosa canta Ferré y Casas

         Ester Formosa repite la fórmula de su anterior Formosa per Formosa en el que la cantante daba voz a las composiciones de su padre. No en vano la atmósfera musical guarda cierta relación con este nuevo lanzamiento con el que recorre una destacada producción del poliédrico –cantante, compositor, poeta, novelista y director de orquesta- y de origen monegasco Leo Ferré, traducido y adaptado por Joan Casas, del que también se incluye obra original. Y es que el arropo que confiere el trío formado por el trompetista Matthew Simon, el pianista Maurici Villavecchia –con quien comenzó a trabajar hace más de diez años-  y el contrabajista Horacio Fumero, es de autentico lujo, pues nos encontramos con tres grandes reputados de la escena jazzística además de auténticos músicos todoterreno.
         También se repite la fórmula, grabación en directo del espectáculo en el Lliure, porque todo procede de un montaje teatral de escenificación cabaretística, destinado a distancias cortas y que consigue arrastrar su intimismo hasta el aspecto más sonoro de repertorio selecto y degustación minoritaria.
         Tomando el título de la veterana canción de Ferré –si mi memoria no me falla aparece por primera vez en las grabaciones de 1961- en Thank You Satan, las síncopas del jazz envuelven, adornan y embellecen aún más la voz sensual, aparentemente frágil e insinuante de Formosa en ese juego entre la cançó y la chanson que a la catalana tanto le aprueba.




Chano personaliza el Kind Of Blue

         Tal vez el término ‘reinterpretación’ acabaría por ser demasiado simplista y ligero para determinar el resultado final y por ello ‘re-creación’ –volver a crear- definiría de forma más ajustada esta última producción para la Blue Note –segunda tras el magistral Piano Ibérico- del pianista Chano Domínguez. Y es que el gaditano toma como punto de partida el mítico e inflexivo Kind Of Blue –realmente existe un antes y un después- para desarrollar todo un nuevo espectro sonoro y musical que aúna, sin fisuras ni aristas, el ‘cool’ crepuscular de Miles Davis y el flamenco más jazzista y enraizado en la tradición a la vez.
         Flamenco Sketshes, título tomado de la composición rubricada entre el trompetista de Illinois y el pianista Bill Evans que figura en quinto lugar de la susodicha obra maestra, nos ofrece el directo realizado a finales de 2009 en el neoyorquino Jazz Standard con motivo de los actos de celebración del cincuenta aniversario de la obra madre. Una idea nacida en la 41ª edición del Festival de Jazz de Barcelona que muestra, sin paliativos, esa libertad que caracteriza y ha caracterizado la dilatada carrera de Chano y con la que se permite tomar y dejar de lado, en la misma medida y exigencia, aquellos elementos que cree oportunos.
Sin duda, más allá de celebraciones y homenajes, otra obra maestra de este mago, con piano por chistera, capaz de sorprendernos constantemente.



domingo, 20 de mayo de 2012


Bugge Wesseltoft, inspirado en los clásicos

 El jazz nórdico europeo ha ido marcando sus señas de identidad dentro del vanguardismo musical. Cuando parece que los ecos primerizos del saxofonista Jan Garbarek, experimentador incansable y de actualidad incontestable, suenan lejanos, toda una legión de nuevos músicos han seguido la estela hasta protagonizar la corriente más contemporánea, desde el desaparecido Esbjörn Svensson hasta la nueva musa del jazz noruego Sidsel Endersen pasando por los muchachos de Atomic, banda formada justo en el umbral del nuevo milenio.
Bugge Wesseltoft, es otro de esos nombres que mantienen la vigencia de la música improvisada nórdica en constante evolución protagonizando titulares en las más exigentes y especializadas cabeceras. Mientas en los noventa, alejándose de la tradición jazzística noruega, se erigía como máximo exponente del nu jazz, casi veinte años después nos ofrece su personal visión de nueve clásicos del jazz.
Songs recorre un repertorio de patrimonio internacional desmenuzando cada una de las líneas melódicas y sus armonías para adaptarlas a una pianística propia y tremendamente reflexiva. Pocas veces el Mancini de “Moon River” se ha mostrado tan intimista o el “Giat Steps” de Coltrane tan propio hasta hacerlo casi irreconocible. No faltan tampoco clásicos de los años treinta como “Darn That Dream”, “My Follish Herat”, “How High The Moon” o el magnífico “Lament” de J.J. Jonson.



Exquisiteces de Silvia Pérez Cruz

         Una larga trayectoria que se reparte esencialmente entre el jazz (Joan Díaz, Joan Monné, Perico Sambeat, Javier Colina o Jerry González) y el nuevo flamenco (Las Migas, Chicuelo o Duquende), sin olvidar la música castellana o latinoamericana,  se agazapa, siempre tan discreta como mayúscula, tras el nombre de Silvia Pérez Cruz; pero nunca antes nos había presentado ninguna producción bajo su nombre. Por tanto este 11 de novembre editado por Universal el pasado mes de abril, constituye su primer disco como tal, tras más de docena y media de colaboraciones.
         Y es que la cantante de Palafrugell parecía no tener ningún tipo de prisa para ocupar un primer plano y en cambio su popularidad ha crecido como la espuma en los sectores más exigentes.
         Ahora capitanea un álbum delicado, preciosista, con su característica voz frágil, esbelta y extremadamente exquisita, con la que se pasea a capricho sobre un mar de sensibilidades a flor de piel. Aunando castellano, catalán, portugués y gallego con la mayor de las naturalidades y coherencias, se desenvuelve de igual manera por el bolero, el jazz, el fado, el folk o la habanera en un trabajo nacido de la necesidad de demostrar que además de tener una de las mejores voces, es una gran compositora -rubrica la totalidad de las canciones-, buena instrumentista –toca guitarra, piano, acordeón, clarinete y saxos- y productora –firma el álbum junto a Raül Fernández Refree.